PUÇOL VCF I PROU

PEPE CLARAMUNT

NO AL FUTBOL MODERNO

“Odio eterno al calcio moderno”. Esta frase, tan simple como cargada de significación, se repetía una y otra vez durante el año 2004 en los estadios italianos, bien en forma de agrios cánticos, bien materializándose en infinidad de pancartas repartidas por las gradas. Hay quien justificó que iba a ser una moda pasajera, pero lo cierto es que aquellas reivindicaciones, que surgieron casi por generación espontánea como un alegato contra la extrema mercantilización del fútbol y su cada vez más descarnada conversión en un mero negocio (algo que en Italia, además, se elevó al máximo exponente), aún colean hoy en día.


A nadie se le escapa que el fútbol ya no es sólo un deporte. Es un espectáculo y, como tal, tiene un importantísimo componente empresarial. El socio ya no es tan prioritario en los presupuestos como hace diez o quince años, el potencial de un equipo se mide en función de la capacidad de sus dirigentes para generar ingresos y los propios futbolistas son profesionales y como tal, buscan, mayoritariamente, sólo lo mejor para sus intereses. En este gélido panorama, el vasto engranaje que condensa todos estos condicionantes acaba de dar un paso quizá definitivo con el convenio firmado por la Liga de Fútbol Profesional y la Real Federación Española de Fútbol en virtud del cual, a petición de los clubes, se deja abierta la posibilidad de disputar partidos de Primera los lunes, siempre y cuando éstos no coincidan con otro de la Selección. En resumen: los que mueven los hilos del fútbol, una vez más, lo han hecho sin pensar en el aficionado, el soldado raso del negocio.

Mediapro, verdadero dueño en la sombra de nuestro fútbol, que ha comprometido cerca de seiscientos millones de euros anuales en compra de derechos deportivos, y los clubes, que consideran que disputar encuentros en abierto puede asimilarse a una expropiación en la medida en que no se les reembolsa por el trabajo realizado (ergo, cuantos más partidos de pago, mejor), son los claros beneficiados de una maniobra que, como ya se comprobó en el último experimento similar realizado, puede ser fatal: en la temporada 97-98, Antena 3, con unas consecuencias funestas para la afluencia a los estadios (si bien no tanto para las audiencias, el verdadero motor de una decisión que ha tenido infinitamente más en cuenta al público televisivo que al público ‘físico’), fue pionera en esto de comenzar la semana con fútbol en su programación.

Cuentan que en Inglaterra, país en el que los partidos en lunes son ya algo habitual y donde éstos llenan tantos estadios como los encuentros dominicales, se decidió implantar el fútbol en el primer día de la semana pensando, precisamente, en la numerosa clase obrera que tenía en el balompié su única vía de escape. Para mineros o estibadores, la forma que había de edulcorar el infernal día de la vuelta al trabajo era con una dosis futbolística al acabar la jornada. En nuestro país, de características socioeconómicas diametralmente opuestas, la situación es, obviamente, bien distinta en la actualidad. Sin embargo, haríamos bien en mirarnos al espejo de un ejemplo mucho más cercano y actual: una sociedad italiana corrompida casi irreversiblemente por un interés económico que roba cada vez mayor protagonismo a la dualidad deporte-aficionado, la esencia de todo al fin y al cabo. Y no lo olvidemos: el único al que esto le hace realmente daño es al fútbol.

About Author Mohamed Abu 'l-Gharaniq

when an unknown printer took a galley of type and scrambled it to make a type specimen book. It has survived not only five centuries.

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